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El diablo con cara de cerdo 1/2

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Tenía la piel pálida como la cal de las fachadas, arrugada como el mimbre trenzado de su silla. Las avellanas que alineaban su mirada, rozando casi el rojo, quedaban suspendidas y fijas en la tarea pendiente. Sus manos curtidas, asperas como la madera sin pulir manejaban la navaja con gran destreza.

Apoyaba los bastones en la fría piedra que formaba la entrada de su casa, uno al lado del otro. Uno tras otro, el siguiente junto al anterior. Sus mangos eran obras dignas de admiración. Bustos de zorros, lobos, algún perro ovejero e incluso gallos podían distinguirse perfectamente vivos en aquellos trabajos. Pero nadie subía la pendiente que lo separaba del pueblo para poder ver aquel derroche artístico, aquel prado de bellezas alineadas como campo de espigas.

Un buen día un fotógrafo de ciudad apareció en aquel pequeño pueblo, supuestamente, en busca de una imagen digna del dominical, acompañando un artículo gastronómico típico de la tierra. Pasó gran parte de la mañana deambulando por las pocas calles que allí encontró, tomando instantáneas de varios ángulos y edificios pintorescos. La iglesia minúscula y medio derruida, el pequeño ayuntamiento, establos... No había mucho donde elegir. Después de una mañana y parte de la tarde buscando dio con el sendero que conducía a una pendiente, a medida que ascendía fue sintiéndose inspirado. Desde aquel sitio el pueblo se podía capturar en un solo encuadre. Fue ascendiendo de espaldas a la cuesta sin dejar de disparar su cámara y cuanto más subía mejor era la imagen que obtenía. El sol estaba en el sitio justo, la luz cálida y horizontal confeccionaba un traje nuevo a la escena, ahora recortadas las siluetas con sombras paralelas se acentuaban los contrastes. Siguió caminando de espaldas. Y tropezó.

Una pared puso fin a la sesión, tuvo que girarse para dar cuenta de ello. Al mirar más abajo encontró dos bastones tirados, mientras que a izquierda y derecha varias docenas se mantenían apoyados contra la pared, verticales, formando una barandilla imaginaria. Entendió que aquellos dos estaban así por culpa suya. Su mirada siguió avanzando hacia la derecha y vio que no estaba solo. El anciano seguía tallando la madera, por encima de su hombro pasaban disparadas las virutas de madera como munición gastada que escupe una ametralladora furiosa. No se inmutó. El fotógrafo había olvidado por completo que le había llevado hasta allí, no pensó en ningún momento que hacía justo antes de tropezar.

Se sintió un poco avergonzado por aquella torpeza y se apresuró a colocar de nuevo los bastones como creía que debían estar antes de sentirlos. Y se quedó mirando los mangos, el último bastón que había colocado tenía en la parte más alta el busto de un lobo. Simplemente perfecto. Tenía una mirada serena y parecía estar vivo. Inmediatamente y flexionando las rodillas, colocó su cámara de nuevo frente a su cara y cuando estaba a punto de pulsar el disparador... llegó el silencio. El anciano había dejado de tallar. Por primera vez en su vida no estaba escuchando nada, nunca antes había sido tan consciente de lo ruidoso que puede ser un silencio total. Todo se detuvo mientras seguía viendo al lobo a través del objetivo. Fue erguiendo la espalda hasta quedar totalmente recto, volvió lentamente la cabeza hasta encontrar de nuevo al anciano, sentado en la misma postura, pero ahora, quieto.

 

 

Continuará...

 

 

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Comentarios El diablo con cara de cerdo 1/2

Ummmm :-) , no te daré mi opinión hasta ver el desanlace, vale?

Un beso y sigue así!!!.
luzdeluna Luz 27/05/2010 a las 15:30
Pues me parece una acertada decisión... Tenía pensado acabarlo pronto, no ha sido así, espero hacerlo ya mismito...
Gracias Luz!!
Bueno, aunque Luz sea dura... yo si quiero dejar mi granito de arena y decir que me gusta cómo redactas, lo haces genial. Por cierto... ahora mismo me voy a la segunda parte.
Besos
Muchas gracias Aghata por pasar de nuevo por aquí, me alegra muchísimo que te guste lo que hago, teniendo en cuenta tus conocimientos es todo un alago. Espero que no te decepcione la segunda parte.
Besos

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