Avisar de contenido inadecuado

El diablo con cara de cerdo 2/2

{
}

Aquel fotógrafo de ciudad había encontrado algo que mereciera la pena. Su esfuerzo estaba a punto de ser recompensado y sintió el pleno alivio del sediento que encuentra un manantial. Pronto podría marchar de aquel olvidado pueblucho con el sentimiento del deber cumplido. Muy pronto se vería de vuelta a casa, con un pensamiento eufórico llenando la cabeza de ideas con las que trabajar el material conseguido.

Se quedó mirando al anciano que permanecía quieto, parecía que, aún sin mirarlo, este conocía perfectamente sus movimientos. Bajó la cámara y pensó que debía pedir permiso al autor para inmortalizar sus trabajos. En ese mismo instante el anciano continuó tallando. Decidió entablar una conversación con aquel artista octogenario y ganarse así su simpatía.

-Muy buenas tardes tenga caballero- dijo amablemente.

Larga se hacía la espera de una contestación y probó un segundo intento.

-Son verdaderamente magníficas sus tallas- gritó para asegurarse de que lo oyera y añadió- me preguntaba si no le importaría que sacara algunas fotografías de ellas- dijo esta vez acercándose a donde estaba sentado el anciano.

Pero aquel arrugado personaje no hizo ademán alguno de haberlo oído. Ya frente a él, apenas a un metro, pudo percibir un ligero olor a rancio que casi consigue borrarle la sonrisa. De cerca, aquel viejo parecía mucho mayor. Tanto que casi no se podía calcular la edad que debía tener. Sus ropas eran casi tan viejas como él, sus manos fuertes parecían no haber aprendido a hacer otra cosa que tallar, sus ojos... sus ojos no parecían estar siquiera mirando el punto donde navaja y madera se encontraban una y otra vez. Un escalofrío recorrió al pobre fotógrafo que no estaba dispuesto a irse de allí sin acabar el trabajo. Esta vez procuró una nueva estrategia.

-Estaría interesado en comprarle algún bastón, si es que están en venta.- dijo en un tono dócil- Incluso cabe la posibilidad de que me llevara más de uno- añadió con picardía.

El anciano comenzó a bajar el ritmo de corte, muy progresivamente, hasta quedar completamente parado. Siguió en la misma postura, como si esperara una palabra mágica o una orden divina. El fotógrafo pensó que había dado en el clavo, sabía que el alago es el principio de toda amabilidad y que por ese camino iba a conseguir sus propósitos.

Ágilmente se levantó de la silla, sin apenas mostrar esfuerzo. Estaban cara a cara, uno frente al otro y el más joven quedaba con expresión de niño al que le van a dar sus regalos del día de reyes, cuando él mismo, los había descubierto el día anterior sabiendo que esto implicaba una sorpresa fingida. Siguió al anciano hasta la hilera de bastones que estaban apoyados en la fachada. Los miró todos uno por uno mientras que el anciano no hacia nada más que mantener su posición junto a ellos, con la mirada perdida en un punto desconocido. Daba la impresión de que era ciego o que no tocaba con los pies el suelo. El joven ponía cara de interés, incluso asentía con la cabeza en modo de aprobación cada vez que miraba uno distinto. Y después de verlos todos, unas dos docenas, no sabía por cual decidirse. Buscaba algo que lo impresionase.

-Son todos maravillosos- dijo convencido- No sabría cual escoger.

A través de la entrada a la casa podían verse muchos más apilados por las paredes, decenas y decenas de ellos acumulados. El anciano parecía estar sonriendo detrás de aquella petrificada expresión. El joven se detuvo frente a la puerta de la vivienda y vio que un trapo tapaba uno de ellos, el único que parecía estar separado del resto. Esto atrajo la atención del muchacho.

-¿Podría enseñarme ese que tiene tapado?- intentando no mostrar demasiado interés.

El anciano no perdió un segundo y entró en aquella vieja construcción, lo recogió y volvió a salir con él en la mano. Lo colocó a la altura de la cara del fotógrafo que estaba impaciente por descubrir aquel misterioso bastón. ¿Porqué estaría tapado y apartado del resto?¿Sería este el mejor de sus trabajos?

El fotógrafo tomó el paño que lo cubría y se dispuso a tirar de él en el mismo momento que el anciano esbozó una sonrisa que permitía ver su descuidada dentadura y un aliento agrio como un buen vino estropeado envolvió ese momento. El fotógrafo se quedó helado, tieso literalmente, al ver aquello. Era la cabeza de un cerdo tallada en madera noble, bien cuidada en los detalles, que le sonreía con expresión burlona.

-Ha escogido bien mi preciado amigo- dijo el anciano con una perfecta pronunciación y una voz profunda- Es la mejor obra que encontrará aquí.

Ayudó a sentarse al muchacho en aquella silla de mimbre, le cambió la cámara por la navaja, y en la otra mano un pedazo de madera, que inmediatamente se puso a tallar compulsivamente. Se colgó la cámara al cuello y volvió a dejar el bastón con empuñadura de cerdo en su lugar, volviéndolo a tapar con su paño. Al salir de la casa, el anciano que ya no lo parecía tanto, respiró profundo mirando al cielo con una inmensa gratitud en su expresión. Se dirigió al joven, que ya no lo parecía tanto, y le dijo algo al oído.

-Gracias a ti ahora podré seguir viviendo mi vida. No desesperes, alguien te encontrará con la codicia en sus ojos y te liberará de tu tormento. Algún día, pero no pienses mucho en ello, simplemente talla.

Se dirigió a la cuesta, ahora pareciendo un joven muchacho,  y se giró en redondo, tras unos segundos de cálculos colocó la cámara y tomó la fotografía que el joven, ahora casi un anciano, había estado buscando. Y desapareció cuesta abajo.

 

Fin.

{
}
{
}

Comentarios El diablo con cara de cerdo 2/2

Vaya!! no me digas porqué, pero algo así me imaginaba, uis que cosas, jajajajaja, aún así, te diré que muy buen relato, me gusto!! si señor, ya sabes, tú no pares, sigue deleitando con tus escritos, vale?

Besos luneros
luzdeluna Luz 07/06/2010 a las 19:43
Por cierto! que tétrico te has puesto, no?
luz luz 07/06/2010 a las 21:49
Gracias Luna!!
Por fín lo acabé, me parecía muy feo no hacerlo.
Esta plantilla era la única que no me acabó de disgustar... Ahora que os mantengo un ratito leyendo he pensado en vuestra vista y cambiado el fondo negro por uno más claro. Que luego ves lineas horizontales durante un ratillo...
Besos cascabeleros
Me ha encantado.  Creo que es una joya preciosa.  Te lo digo en serio, ¿por qué no lo presentas a un concurso? Es un buen cuento, felicidades.
Me gusta considerarme un aficionado en todo lo que hago, algunos dicen que no me valoro lo suficiente. Autodidacta empedernido e improvisador por el placer del momento. Así lo hago por que así lo siento.
Quizás lo presente en algún evento, podría ser una buena opción.
Gracias y besos

Deja tu comentario El diablo con cara de cerdo 2/2

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre